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Un muchacho que nunca olvida colgar su sonrisa en todos lados, vive, como la mayoría de los venezolanos, condiciones precarias.
A sus 18 años, oriundo de Lagunillas, fue elegido para la selección profesional de béisbol Aguilas del Zulia; muy feliz y extasiado fue a celebrar con sus amigos el haber logrado su sueño, y la posibilidad de sacar a su madre de la pobreza… con los amigos a orillas del lago, conversando y tomando una cerveza tras otra; se cayó y una cabilla atravesó su rodilla izquierda.
Nunca pensó que esto podría pasarle, inmediatamente lo llevaron al hospital más cercano en el cual pasó dos días con un yeso y medicamentos que no calmaban su dolor. En su segunda noche, al estar a horas de que le amputaran la pierna, una doctora alta, rubia se acercó y le preguntó: qué te pasa?, a lo que él respondió: el dolor es insoportable. Él temblaba, sudaba y agonizaba del dolor; así que ella empezó a quitar el yeso, dreno la herida, la limpió y escribió la orden de realizar una intervención inmediata para salvarle la pierna.
La cirugía fue realizada, su fiebre desapareció, el dolor solo era tenue y el sintió ganas de vivir de nuevo. Comenzó a preguntar a todos por esa bella doctora que lo había salvado, que le habia permitido continuar con sus dos piernas; pero ella nunca apareció. Las enfermeras no la conocían, ella no firmó la historia del paciente, no dejo nombre ni referencia.
Esa deslumbrante rubia, cálida y tierna nunca fue vista de nuevo en el hospital. Airon, con su pierna inmovil después del accidente decidió dedicarse a la medicina, consiguió una beca para estudiar en Cuba y luego de 4 años ha regresado a Venezuela para instalarse en Mérida con su esposa, quien también es su colega. Hace 8 meses nació un bello bebé llamado Ilan y se encuentran todos viviendo con los papás de su esposa.
Ellos no tienen ningún ingreso económico; hacen el esfuerzo más grande del mundo para no dejar de estudiar en su último año de carrera. Sobreviven por los suegros y ayudas de amigos cercanos. Él Sigue practicando el béisbol y al preguntarle imprudentemente cómo hacía con su pierna así, solo respondió: ¡tengo que batear más duro ahora!
Ahora su sueño es vivir con su familia dignamente, con comida todos los días, brindarle educación a su hijo, reivindicarse con sus suegros por toda la ayuda que le dan y llevarse a su mamá consigo para que no tenga que trabajar limpiando más en Ojeda.
Sigue adelante trabajando muy duro, sin perder la esperanza de un país y una vida mejor; siempre con una sonrisa en su cara.
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Él me llama semanalmente para conversar, saber de la familia, invitarme a una salida o contarme de las noticias y lo mucho que lo enoja el presidente.
Yo tomo mi tiempo y le hablo de mi día, las noticias nuevas y lo mucho que ansío visitarlo el fin de semana. El se ríe, me despido y se cuelga la llamada.
Yo puedo entenderlo y sentirlo humanamente normal…
A pesar de estar en la familia, nunca había compartido lo suficiente con él para conocerlo.
Fueron unas tardes en su cuarto que me acercaron a él, tratando de escribir un cuento; un cuento que se convierte en su sueño, en sus pensamientos, en sus gritos de dolor. (Pronto podrán leerlo)
Carlos Chacín, sufrimiento fetal, 38 años, no puede hablar o moverse. A través de los años ha logrado “independizarse” de su mamá.
Y es que realmente es admirable el gran esfuerzo que realiza para levantarse de la cama, caminar hasta al baño, cepillarse, vestirse o tragar saliva. Entre movimientos tambaleantes y gemidos trata de llevar una vida normal, compartir con la familia y sobre todo sonreír.
Él memoriza los números telefónicos y llama cuando se siente solo, tan sólo desea escucharte y saber que te acuerdas de él. Su máxima satisfacción, una visita en su cuarto.
Conocí las ganas de vivir, la lucha interminable, el dolor silencioso pero sobre todo que las fuerzas nunca se acaban y que nos sobran motivos para sonreír.
Pedimos demasiado y nos quejamos cuando lo tenemos todo.
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Overcoming poverty is not a gesture of charity. It is an act of justice. It is a protection of a fundamental human right, the right to dignity and a decent life.
Nelson Mandela
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Ahora lo llevo conmigo siempre.
Mi filosofía de vida, mi modo de existir.
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Su nombre es Ireima, y culpa todos los días a sus padres por tal desatinada decisión.
La conocí en mi infancia, unos años después se convirtió en una relación especial que no sabría como describirla, es más que una amistad, que un vínculo familiar y que un amor descontrolado.
La euforia me invade las venas por verla día tras día, por escucharla, por hacerla sonreír; y de esa forma, yo también ser feliz.
Podría catalogarlo como obsesión o delirio, por sentir que el amor hacia ella se desborda en mi corazón, porque sus ojos no caben en este mundo, porque mi admiración pronto será insuperable y porque su presencia es gloriosa; pero es aún… más que eso.
Quiero tenerla para toda la vida, contar con ella, y seguir viendo sus defectos como la mejor perfección del ser humano. Mi idilio será eterno.
La mujer que grabo en mí, el mejor juicio de la vida, he aquí…
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Hoy sumo a la justicia; humildad y paz
Con esta cita no me refiero a que corran a aprovechar cada minuto, vayan a tomarse todos los litros de cerveza que puedan hasta vomitar, comer todo el chocolate que encuentren o saciar la sed sexual. Tampoco pretendo que sean aburridos, solo que no malgasten el tiempo en vanidades, en pequeñeces sin importancia, en lamentaciones… No hagan nada de esto sin dedicar aunque sea minutos a hacer paz, a dejar de ser alguien más que altera el sistema, a quejarse sin tomar acciones en el asunto o ni siquiera observar por la ventana lo que pasa en este mundo.
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Un minuto que pasa es irrecuperable. Conociendo esto, ¿cómo podemos malgastar tantas horas?” MG.
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Cuando tenía 3 años, mi papá decidió abandonar a mi madre con 4 hijos y algunas deudas pendientes.
Un adolescente decide estudiar, trabajar o hacer malabares en la esquina de los semáforos.
Un niño decide a diario jugar con el carrito o con el camión.
Un gerente decide despedir o no a un empleado.
Cada quien toma decisiones, algunas resultan ser erradas y otras acertadas. Cada persona toma en consideración criterios y escogen el camino más corto y rápido; o largo pero seguro hacia su objetivo final.
No siento lástima por estas personas, cada quien escogió su puesto en esta sociedad.
…Pero lo que es desconocido, es el lugar y la familia con la que naces, y definitivamente unos son más afortunados que otros. No hay comparación con aquel que nace en familia rica y otro en familia pobre.
Milexy de 11 años, tiene 4 hermanos; una chica embarazada, y 3 varones pequeños. Como resultado, ella debe hacer los quehaceres de la casa; antes de ir a la escuela y al regresar. Se cepilla los dientes, arregla su cama, hace el desayuno, lava los platos, va a la escuela, llega a hacer el almuerzo, lava los platos nuevamente, y limpia la casa; al final de la tarde sale con sus amigas a jugar metras o simplemente a estar sentadas en la arena y observar todo lo que pasa en el pueblo.
No conoce los centros comerciales, no conoce un “filet mignon”, no conoce televisión por cable, no puede tener aire acondicionado, Barbie’s o LEGO’s. Si es cierto que hay objetos de lujos innecesarios, hay muchos otros que se hacen vitales para una vida digna, básica y cómoda.
Ella no decidió nacer en esa tierra; y como ella millones.
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Este es uno de los días que me enseñan a poner los pies sobre la tierra. Nos quejamos porque hace demasiado calor, chillamos si nos llevamos el dedo chiquito con la esquina de la cama, lloramos por caprichos y sufrimos por amores pasajeros.
No pretendo quitarle valor a las cotidianidades de la vida, a nuestra crianza, a nuestra sociedad; pero me pregunto por qué es tan difícil tomar en cuenta al vecino, al pueblo aledaño, al compañero que se sienta al lado de nosotros en el salón, y no sabemos ni su nombre; o esas señoras que trabajan como esclavas de alguna casa?
Un pueblo: Barranquitas, 9000 habitantes. Alto índice de Corea de Huntington (Mal de San Vito), analfabetismo, hambre y necesidad.
El jueves pasado un hombre, por defender a su hijo en una pelea, salió herido a machetazos.
Imagínense un cuchillo con un filo de aproximadamente 60 cm, utilizado para abrir paso en la selva. Ciertos desgraciados lo usaron para herir a una humilde persona, una cortada en la oreja, una en el hombro y otra en el antebrazo; cada una de 15 cm más o menos. No obstante, por deficiencia de instituciones hospitalarias en el pueblo, tuvieron que trasladarlo a Maracaibo (2.30 horas de recorrido) para una sutura.
Hoy lo encuentro hinchado hasta los dedos, la punta de la oreja necrosada, las heridas amarillas y a punto de abrirse de nuevo. Él casi no podía escucharme y solo asentaba la cabeza cuando le pregunté si le dolía. Una semana después de lo que ocurrió, no había recibido ni siquiera un pastilla de antibióticos o calmantes por falta de dinero o insumos en el ambulatorio del pueblo.
Por supuesto lo llevé al médico y lo dejé con su tratamiento. Ahora solo rezo porque Dios permita que se le sanen las heridas. Con el estómago revuelto y el nudo en la garganta, escribo esto para que conozcan las condiciones de tantas personas que ignoramos o desconocemos… y lo demás quedan de cada de parte de cada quien.




